martes, 1 de octubre de 2019

Elogio de la vida saludable


La Puebla de los Infantes es un pueblo todo naturaleza, esta es una de sus señas de identidad: sus paisajes, sus olivares y dehesas, sus arroyos con sus alamedas y antiguos molinos y minas, sus fuentes y pozos, sus pilares y albercas, sus embalses ( prácticamente tres) que rodean el municipio, sus montañas, sus valles,… Pero además es un pueblo con un rico patrimonio histórico, antropológico, artístico  (en el que debemos incluir su rica y variada artesanía, claro)… sin olvidar que es cierto que aquí se conoce por todos perfectamente lo que gira en torno a la cultura del olivar y el viaje de la aceituna, pero merece que conozcamos igual de bien otros muchos aspectos de él, que los disfrutemos y los pongamos en valor en nuestras conversaciones con los vecinos del pueblo y con los de fuera. En este proceso seguro que adquiriremos más salud: la que nos proporciona el andar y relacionarnos, el descubrir todo lo que la naturaleza nos ofrece y espera de nosotros y conocer cómo nuestros antepasados se desenvolvieron en este enclave maravilloso.






















                                                   ELOGIO DE LA VIDA SALUDABLE
   
Estamos asistiendo en los tiempos que corren a un gran éxito y popularidad de la actividad senderista, actividad , como sabemos, medioambiental, deportiva (no competitiva),lúdica, social, cultural… Si los sintetizáramos  en uno todos los calificativos que podemos aplicarle a esta actividad podríamos hacerlo con el término saludable.
 A primera vista estaremos de acuerdo que una actividad deportiva en contacto con la naturaleza en la que de manera entretenida podemos conocer lugares, personas, valores históricos y arqueológicos, antropológicos… debe ser sin duda saludable. Pero a menos que ahondemos un poco en la argumentación, posiblemente concluyamos que es aún más saludable. En este sentido quisiera referirme a que cuando nos disponemos a iniciar una ruta senderista, primero dejamos atrás la rutina diaria en busca de nuevos aires, de otros lugares, de un día  de asueto; y después, y lo más importante, vamos al encuentro de lo que la humanidad ha venido haciendo durante decenas de miles de años y, por tanto, ya impreso en nuestros genes, que es el caminar y el desplazarnos a pie de un lugar a otro a un ritmo satisfactorio, nada estresante, nada competitivo. Le estamos aportando a nuestro cuerpo aquello que le es tan conocido y favorable de milenios atrás y para lo que sus estructuras, ósea, muscular… están tan bien preparadas. De igual modo que también tenemos sellado en nuestros genes el carácter humano del gregarismo, la vida en común, las relaciones interpersonales, la ayuda mutua… que fomentamos con este tipo de actividad. Las teorías en favor del individualismo son eso, teorías que nacen de hace muy poco tiempo hasta hoy en comparación con la trayectoria de vida del ser humano, como queda dicho, de miles y miles de años. El origen más remoto del individualismo hemos de encontrarlo en ideas religiosas medievales en torno al alma humana individual y a la salvación individual, que se radicalizarían, como no podía ser de otra manera en el siglo XVIII con la Revolución Industrial y que se han venido fomentando desde entonces por determinados intereses que  tratan de contrarrestar la fuerza que puede producir la unión de las personas en un proyecto común, hasta el punto de llegar a ser ideología dominante en el actual siglo XXI. Este individualismo no es precisamente el que nos demandan nuestro cuerpo y nuestro espíritu en pro de una buena salud física y mental ya que no le ha dado tiempo a imprimirse en los genes del género humano.
 Estas conclusiones en torno a la influencia de nuestros genes ancestrales en la vida humana y por tanto en nuestra salud podríamos aplicárselas a otros aspectos de nuestra existencia como por ejemplo el de la alimentación. Hoy se nos aconseja incluir en nuestra dieta una buena proporción de  frutas, verduras, legumbres, frutos secos, semillas...En mi modesta opinión no creo que estos productos sean buenos per se, sencillamente que nuestros genes los reconocen y por tanto nuestro cuerpo los asimilará mejor dadas las decenas de miles de años en que el ser humano fue recolector y se alimentó de ellos, en mucho más espacio de tiempo que lo  fue cazador o incluso agricultor, actividades estas últimas que darían lugar a los productos elaborados para favorecer su conservación y comercialización.
  Como conclusión, parece conveniente que volvamos la mirada a cómo ha vivido el ser humano durante tanto tiempo atrás, lo cual no debe confundirse con que estemos abogando por  vivir como nuestros ancestros primitivos, si lo pretendiéramos encontraríamos argumentaciones en contra de todo tipo; la más frecuente: que hoy hemos conseguido prolongar en muchos años nuestra vida, que vivimos con una gran facilidad y comodidad con relación a los ancestros, etc… Simplemente se pretende que esa mirada nos ayude a reflexionar y a descubrir tantos déficits y problemas que hoy tenemos, sobre todo en temas de salud y de calidad de vida o quizás, mejor, de vida de calidad que en algunos aspectos no es lo mismo. Posiblemente en dicha mirada hacia  atrás encontremos explicaciones al por qué nos asaltan  tantas y tantas enfermedades, cada vez más, y desde la más tierna infancia. O que nuestro planeta y nuestra naturaleza ya no son lo que eran y se constata en ellos una importante degradación que revierte y revertirá cada vez más en nuestra vida y en nuestra salud. También descubriríamos algo importante: Aquellos seres encontraron los medios para vivir y ayudaron a otros a vivir. De no ser así, nuestra raza humana se habría extinguido incluso mucho antes  de haber entrado  en la historia.
   En definitiva, algunas reflexiones positivas que se derivan de lo dicho sería preguntarnos: ¿Qué podríamos hacer en favor de nuestro planeta y nuestra naturaleza? Nuestros ancestros nos los legaron bastante mejor que los que tenemos…¿ Qué podríamos aprender de aquel ser humano primitivo colaborador, solidario y amoroso? Así es como lo califican las investigaciones realizadas por los biólogos constructivistas, en la línea del investigador Humberto Maturana.
¿Qué podríamos hacer para tener una vida de más calidad? Que no tuviera en cuenta obviamente tanto  mensaje engañoso publicitario y propagandístico, o lo que “todo el mundo” hace.